GRAN JUBILEO AGUSTINIANO (2004 – 2006)

 

 

Desde el 2004 hasta el 2006, toda la Familia Agustiniana vive la fiesta del Gran Jubileo Agustiniano, un tiempo de gracia, gozo y conversión en torno a los cuatro importantes acontecimientos que estamos conmemorando.

En efecto, como agustinos recordamos y celebramos las bendiciones recibidas del Señor, a lo largo de nuestra historia:

    • Año 2004: El 1650º Aniversario del nacimiento de San Agustín, acontecido el 13 de no-viembre de 354.
    • Año 2005: El 700º Aniversario de la muerte de San Nicolás de Tolentino, primer santo agustino canonizado, ocurrida el 10 de septiembre de 1305.
    • Año 2005: El 450º Aniversario de la muerte de Santo Tomás de Villanueva, obispo humil-de y dedicado al servicio de los pobres, sucedida el 10 de octubre de 1555; y…
    • Año 2006: El 750º Aniversario de la Gran Unión de la Orden Agustina, por la Bula «Licet Ecclesiae» del Papa Alejandro IV, acaecida el 9 de abril de 1256.

Pero... ¿Qué es un «Jubileo»?

La palabra «Jubileo» viene del latín iubilaeus, que significa alegría o júbilo; y a la vez del hebreo yôbêl, voz con la se designaba a la fiesta que se celebraba cada cincuenta años, y que era «Fiesta de Reconciliación y Perdón» (Lev 25).

Por lo tanto, atendiendo al significado y origen del término, «Jubileo» es un sentir y vivir la alegría dentro del corazón de cada uno, por los cuatro sucesos histórico-agustinianos. Así como Jesús fue un «Jubileo» para la gente de su tiempo, de la misma manera, así el fruto de la acción histórica agustiniana es un «Jubileo» para nosotros.

Durante el período del «Jubileo Agustiniano», cada uno está llamado a sincronizar el tiempo del propio corazón, único e irrepetible, con el tiempo del corazón misericordioso de Dios, siempre dispuesto a acompañar a cada uno a su propio ritmo hacia la salvación, teniendo a San Agustín, San Nicolás de Tolentino y, Santo Tomás de Villanueva como mediadores.

Por lo tanto, celebrar el «Gran Jubileo Agustiniano» no es para dejar las cosas como están, sino para transformar los corazones, para vivificarlos, edificarlos, reunirlos en uno solo y, orientarlos hacia Dios…

 

 

1650º ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE SAN AGUSTÍN (354 – 2004)

 

 

Durante el año 2004, el primero del Jubileo, recordamos y celebramos el 1650º Aniversario del nacimiento de San Agustín, quien ha sido, es y será uno de los grandes pilares de la Iglesia Católica por su sabiduría, intelectualidad y celo pastoral, y cuyo ejemplo nos impulsa a seguir trabajando en y para la Iglesia, la misma que él amó, defendió y enriqueció con su pensamiento filosófico-teológico, herencia que nos lega hasta nuestros días.

Sus primeros años…

Aurelio Agustín (este era su verdadero nombre) nació el 13 de noviembre del año 354, al norte de África, en Tagaste, –hoy Souk-Ahras, Argelia–. Tagaste pertenecía a la Provincia de Numidia, provincia ésta, a su vez, del inmenso Imperio Romano. Sus padres: Patricio, un modesto hacendado, funcionario del municipio y, Mónica, mujer de profundas convicciones cristianas, tuvieron que hacer grandes sacrificios para darle educación a su hijo; incluso, no pudiendo ya sufragar los gastos de estudio y a punto de abandonar la escuela, Agustín tuvo la suerte de encontrar un bienhechor que lo apoyó para que estudiara Retórica.

Tuvo una amante y un hijo…

Entre los 16 y los 30 años, Agustín se consiguió una amante de rango inferior a él, con la que vivió y tuvo un hijo, guardándole siempre fidelidad; el nombre de ella se desconoce, pero el de su hijo no: éste se llamó Adeodato, el cual murió a los 18 años de edad, después de haber sido bautizado junto con su padre Agustín. También en ese tiempo Aurelio Agustín experimentó una vida desordenada y de placeres, sin embargo nunca descuidó su preparación intelectual.

Acercamiento a la filosofía…

A los 19 años descubrió su vocación filosófica, al leer el tratado filosófico «Hortensius» del estadista romano Cicerón. A partir de entonces Agustín se convirtió en un ardiente buscador de la verdad y estudió varias corrientes filosóficas. Esta constante búsqueda y el desasosiego e inquietud de su interior lo condujeron al maniqueísmo, filosofía dualista de Persia que trataba del conflicto entre el bien y el mal y que tenía un código bastante flexible; allí permaneció alrededor de diez años. Posteriormente el joven filósofo dirigió su atención hacia el escepticismo.

El impacto del obispo Ambrosio en la vida de Agustín…

Hacia el año 384 se trasladó a Roma, donde adoptó el neoplatonismo y leyó las obras Platón, quedando profundamente impresionado ante el pensamiento del filósofo griego, pero seguía sintiéndose insatisfecho. Al año siguiente viajó a Milán y ahí conoció a San Ambrosio, obispo de esa ciudad y el eclesiástico más distinguido en Italia, en ese momento. Al escuchar al obispo Ambrosio, Agustín descubre prontamente cuán diferente es la fe cristiana de lo imaginado por él. Comienza entonces a suceder el milagro: Agustín se siente atraído hacia el cristianismo y, acepta ser bautizado junto con su hijo Adeodato por el obispo Ambrosio, hacia el año 387.

La alegría de su madre Mónica…

Cuando su madre Mónica lo supo, se alegró sobremanera de esta respuesta a sus oraciones y esperanzas, ya que ella no dejaba de orar por su hijo; y aunque ella moriría poco después en Ostia, Italia, se llevó el gusto de ver a su hijo vuelto a la fe. Posteriormente la Iglesia católica la canonizó y le otorgó el título de Santa Mónica. Sin embargo, cabe destacar que la influencia de santa Mónica fue un factor fundamental en la conversión de Agustín.

Agustín, sacerdote y obispo de Hipona…

Agustín regresó al norte de África, donde se ordenó sacerdote y fue nombrado obispo de Hipona, cargo que ocupó hasta su muerte. Durante todo este tiempo, el nuevo Agustín se dedicó a usar toda su sabiduría y preparación para atacar dudas y herejías que amenazaban la unidad de la Iglesia.

Su producción literaria…

Y es en ese tiempo, cuando el obispo de Hipona escribe sus más grandes obras: «Las Confesiones», y «La Ciudad de Dios». Otras de sus obras importantes son: «Retracciones», «Epístolas», «De Libero arbitrio», por mencionar algunas… Por lo tanto, puede decirse que como escritor Agustín fue prolífico, convincente y brillante teólogo-filósofo.

Muerte de san Agustín…

Murió hacia el año 430 d.C., siendo el más grande de los Padres de la Iglesia y uno de los más grandes filósofos de la humanidad. La Iglesia católica lo recuerda y celebra el 28 de agosto, un día después de que celebra también a santa Mónica, su Madre.

 

Para saber más:

http://www.sant-agostino.it/spagnolo/

http://www.agustinos-es.org/lavid/

http://www.geocities.com/vicariaoar/pagina1a.html

http://www.churchforum.org.mx/santoral/Agosto/2808.htm

http://www.geocities.com/Athens/Academy/3327/

http://www.geocities.com/nieto732001/page2.html

http://www.mercaba.org/Filosofia/Medieval/agustin_de_hipona_00.htm

http://www.mercaba.org/FICHAS/Fluvium/agustin_de_tagaste.htm

http://www.mercaba.org/FICHAS/Enciclopedia/A/agustin_de_hipona_vida_de_san.htm

 

 

700º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO (1305 – 2005)

 

 

Este año de 2005, el segundo del Jubileo, la Familia Agustiniana celebra el 700º aniversario de la muerte de San Nicolás de Tolentino, el primer agustino canonizado y uno de los santos agustinos más conocido de nuestra Orden, cuyo ejemplo de santidad, obediencia y servicio a los hermanos nos estimula en nuestro tiempo, a ser servidores de la Iglesia y de los pobres.

Los primeros años…

Nicolás nació en San Angelo, pueblo que queda cerca de Fermo, en Italia, hacia el año 1245. Sus padres fueron pobres en el mundo, pero ricos en virtud. Se cree que Nicolás fue fruto de sus oraciones que éstos ofrecían y de una devota peregrinación que hicieron al santuario de San Nicolás de Bari en el que su madre, que estaba avanzada en años, le había rogado a Dios que le regalara un hijo que se entregara con fidelidad al servicio divino…

Al año siguiente nació este niño y, en agradecimiento al santo que les había conseguido el regalo del cielo, le pusieron por nombre Nicolás… El sobrenombre de «Tolentino» le vino de la ciudad italiana donde trabajó y murió.

Ya desde muy pequeño a Nicolás le gustaba alejarse del pueblo, e irse a una cueva a orar. Cuando ya era joven, un día entró a un templo y allí estaba predicado un famoso fraile agustino, el Padre Reginaldo, el cual repetía aquellas palabras de San Juan: “No amen demasiado el mundo ni las cosas del mundo. Todo lo que es del mundo pasará”. Estas palabras lo conmovieron y se propuso hacerse religioso. Pidió ser admitido como agustino, y bajo la dirección del Padre Reginaldo hizo su noviciado en esa comunidad.

Curación de un niño y una mujer ciega

Ya religioso lo enviaron a hacer sus estudios de teología y en el seminario lo encargaron de repartir limosna a los pobres en la puerta del convento. Y era tan exagerado en repartir que fue acusado ante sus superiores. Pero antes de que le llegara la orden de destitución de ese oficio, sucedió que impuso sus manos sobre la cabeza de un niño que estaba gravemente enfermo diciéndole: "Dios te sanará", y el niño quedó instantáneamente curado.

Desde entonces los superiores empezaron a pensar qué sería de este joven religioso en el futuro. Y tras haber sido ordenado sacerdote en el año 1270, se hizo famoso porque hizo otro milagro: colocó sus manos sobre la cabeza de una mujer ciega y le dijo las mismas palabras que había dicho al niño, y la mujer recobró la vista inmediatamente.

El panecillo y las perdices

También cuenta la tradición un buen día Nicolás superó una grave enfermedad, tan sólo con haber mojado un panecillo en agua… De ahí que ahora se bendigan «los panes de san Nicolás» en todos los templos agustinos, el día 10 de septiembre en que es su Fiesta. Y, en otra ocasión en que también Nicolás estaba enfermo, se dice que le llevaron un par de perdices cocinadas para que comiera. Y como él no comía carne, echó la bendición a las perdices, y éstas resucitaron y levantaron el vuelo.

El anuncio de la estrella

Una noche tras larga oración en vela mística, nuestro santo vio en el cielo una estrella muy brillante, sobre el oriente. Estaba justo sobre San Angelo en Pontano, su pueblo natal. Absorto por el fenómeno, vio cómo la estrella descendía hacia el pueblo, al tiempo que aumentaba su fulgor. Luego volvió a levantarse y, trazando una parábola, la vio situarse justo en Tolentino, sobre el oratorio del convento. Así, varias noches, Nicolás siguió al ritmo de su corazón emocionado el idéntico curso de la estrella, lo que lo tenía perplejo, pues intuía que éste era un signo importante, pero no sabía cómo interpretarlo.

Al fin se decidió a consultar a un religioso venerable. La respuesta de éste lo dejó atónito: «La estrella es símbolo de tu santidad. En el sitio donde se detiene se abrirá pronto una tumba; es tu tumba, que será bendecida en todo el mundo como manantial de pro-digios, gracias y favores celestiales».

Su labor en Tolentino

Al llegar a Tolentino se dio cuenta de que la ciudad estaba arruinada moralmente por una especie de guerra civil entre dos partidos políticos, los güelfos y los gibelinos, que se odiaban a muerte. Y se propuso dedicarse a predicar como recomienda San Pablo: “Oportuna e inoportunamente". Y a los que no iban al templo, les predicaba en las calles.

A Nicolás no le interesaba nada aparecer como sabio ni como gran orador, ni atraerse los aplausos de los oyentes. Lo que le interesaba era entusiasmarlos por Dios y obtener que cesaran las rivalidades y que reinara la paz. El Arzobispo San Antonino, al oírlo exclamó: “Este sacerdote habla como quien trae mensajes del cielo. Predica con dulzura y amabilidad, pero los oyentes estallan en lágrimas al oírle. Sus palabras penetran en el corazón y parecen quedar escritas en el cerebro del que escucha. Sus oyentes suspiran emocionados y se arrepienten de su mala vida pasada”.

Incluso, se dice que los que no querían dejar su antigua vida de pecado, hacían todo lo posible por no escuchar a este predicador, pues les traía remordimientos de conciencia. Uno de esos señores se propuso irse a la puerta del templo con un grupo de sus amigos a boicotearle con sus gritos y desórdenes un sermón al Padre Nicolás. Este siguió predicando como si nada especial estuviera sucediendo. Y de un momento a otro el jefe del desorden hizo una señal a sus seguidores y entró con ellos al templo y empezó a rezar llorando, de rodillas, muy arrepentido. Dios le había cambiado el corazón.

La conversión de este antiguo escandaloso produjo una gran impresión en la ciudad, y pronto ya San Nicolás empezó a tener que pasar horas y horas en el confesionario, absolviendo a los que se arrepentían al escuchar sus sermones.

Nicolás, protector de las almas del Purgatorio

San Nicolás de Tolentino vio en un sueño que un gran número de almas del purgatorio le suplicaban que ofreciera oraciones y misas por ellas. Desde entonces se dedicó a ofrecer muchas santas misas por el descanso de las benditas almas… lo que le ha valido el título de «Protector de las almas del Purgatorio».

Su muerte…

Murió el 10 de septiembre de 1305, y cuarenta años después de su muerte fue encontrado su cuerpo incorrupto. En esa ocasión le quitaron los brazos y de la herida salió bastante sangre. De esos brazos, conservados en relicarios, ha salido periódicamente mucha sangre. Esto ha hecho más popular a nuestro santo… Y la Iglesia lo celebra cada 10 de septiembre.

 

Para saber más:

http://www.agustinosnet.org.mx/eventos15.html

http://www.colegiosanagustin.net/especial/san-nicolas/vida/

http://www.serviciocatolico.com/santoral/sept/10sept.htm

http://www.colegiosanagustin.net/especial/san-nicolas/archivos/

http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/09/09-10_S_Nicolas_de_Tolentino.htm

 

 

450º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA (1555 – 2005)

 

 

En este mismo año 2005 se cumple igualmente el 450º aniversario de la muerte de Santo Tomás de Villanueva, otra de las grandes figuras de nuestra Orden que se encuentra en los altares, y en quien sin duda podemos igualmente encontrar un modelo de espiritualidad y santidad y, un ejemplo de servicio a los pobres.

Sus orígenes…

Tomás de Villanueva nació en Fuenllana, Ciudad Real, hacia el año 1486; de niño se trasladó a Villanueva de los Infantes, provincia de Ciudad Real, donde vivió con sus padres. Cursó estudios de artes y teología en la recién fundada Universidad de Alcalá de Henares. En 1516 ingresó en la Orden agustina, donde fue prior conventual, visitador general y prior provincial de Andalucía y Castilla. Asimismo, fue predicador, consejero y confesor del rey Carlos I. El 10 de octubre de 1544, Tomás de Villanueva fue nombrado arzobispo de Valencia por el Papa Pablo III.

Experiencia universitaria…

Entre los santos agustinos, Tomás de Villanueva es sin duda uno de los más parecidos al mismo San Agustín, incluso en los detalles concretos de su biografía, pues después de una experiencia universitaria llena de éxitos, como alumno y como profesor, decide a la edad de 30 años consagrarse totalmente al servicio de Dios y de su Iglesia, en el famoso convento agustiniano de Salamanca (España). De aquí que por su calidad y experiencia intelectual, Santo Tomás de Villanueva ha sido nombrado «Patrono de los estudios», en la Orden Agustiniana.

Como agustino…

Dentro de la comunidad agustiniana desarrolla una admirable labor como superior y formador, animando la vida religiosa y preparando para la profesión y el sacerdocio a numerosos hermanos, varios de los cuales –como ocurriera ya en aquellas primeras comunidades agustinianas de Tagaste e Hipona– servirían más tarde a la Iglesia en el ministerio episcopal, tanto en España como en América. Fomentó los estudios –el convento de Salamanca fue en su época un importante centro de Estudios de la Orden–, y ejerció él mismo el magisterio en Artes y Teología, escribiendo numerosos tratados y obras de rico contenido teológico y espiritual.

Su opción por los pobres…

Tomás de Villanueva se distinguió por su preocupación hacia los pobres y necesitados, pues él los socorría con abundancia, llegando algunos días a dar de comer a quinientos indigentes, añadiendo además su correspondiente limosna en dinero… No había día que no hiciera la caridad a los pobres, ni día que no se acercaran los pobres a él. En otras palabras, Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia, no deseaba tener riquezas para sí, pues prefería mejor repartir entre los pobres y necesitados las que tenía, haciéndolas fructificar.

La ayuda a una viuda…

A una pobre mujer que vivía en Valencia, viuda y con muchos hijos y sin ningún amparo, el santo arzobispo la socorría con cierta frecuencia, pero aquella cantidad no la sacaba de apuros. Santo Tomás reflexionaba cómo darle un trabajo lucrativo, pues decía: «La limosna no sólo es dar, sino sacar de la necesidad al que la padece y librarla de ella cuando fuere posible». Encomendó a Dios la triste situación de la pobre viuda. Y un día la llamó al palacio arzobispal y le preguntó: «Hermana, yo siento mucho la necesidad y el trabajo que padecéis con tantos hijos pequeños y quería saber de vos si sabéis algún oficio con que podáis ganar algo». Contestó la buena mujer que sabía hacer sémola y farro y otras cosas semejantes (La sémola es pasta de harina para sopa y, farro es cebada medio molida). El santo arzobispo ordenó que al punto comprasen todo lo necesario para ejercer aquel oficio. Se compró un molinillo, arcas y mesas necesarias para el trabajo, incluso un borriquillo para llevar las mercancías. Con aquel pequeño negocio y la limosna de cada mes remedió la pobre viuda su necesidad y pudo criar bien a sus hijos.

Su apoyo a una joven pareja que se quería casar…

Tuvo otra vez Santo Tomás de Villanueva que proteger a una joven pobre que deseaba casarse con un obrero carpintero y no tenían dinero para poner la casa. Necesitaban una modesta cantidad para comprar muebles y otros enseres. El santo arzobispo le ofreció generosamente dicha cantidad, pero enterado el santo que el novio era carpintero, llamó a su tesorero, y le dijo: «Dale cierta cantidad para que con lo que ha pedido pongan casa y con lo que le añadimos compre madera y trabaje». Entregaron es dinero a la pareja de novios. Éstos contrajeron matrimonio, y Dios les bendijo, pues con el tiempo llegaron a tener casa y buena hacienda.

Su muerte…

Santo Tomás de Villanueva murió el 8 de septiembre de 1555 en Valencia, y fue canonizado por el Papa Alejandro VII, el 1 de noviembre de 1688. Su fiesta litúrgica se celebra el 10 de octubre.

 

Para saber más:

http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Tom%C3%A1s_de_Villanueva.htm

http://www.churchforum.org.mx/santoral/Septiembre/2209.htm

http://www.mercaba.org/Escritores/cartel_tomas_villanueva.htm

http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/10/10-10_S_Tomas_de_Villanueva.htm

 

 

750º ANIVERSARIO DE LA GRAN UNION (1256 – 2006)

 

 

En el año 2006, el tercero y último año del Jubileo Agustiniano, la Familia Agustiniana recuerda y celebra el 750º Aniversario de la Gran Unión de todos los grupos ermitaños que vivían su experiencia de Dios bajo la Regla de San Agustín, y que es el inicio de la ahora llamada «Orden de San Agustín». Posteriormente de esta Gran Familia Agustiniana surgirán la Orden de Recoletos Agustinos y la Orden de Agustinos Descalzos… etc., etc.

La Gran Unión…

La Orden de San Agustín nació el 24 de marzo de 1244, como resultado de la unión de diversos grupos eremitas, decretada el 16 de diciembre de 1243, por el Papa Inocencio IV, con las Bulas: «Praesentium Vobis» e «Incumbit Nobis». La primera expone el modo con el que debía efectuarse la Unión y, la segunda es la Carta o documento de fundación de la Orden.

A la Unión de marzo de 1244 siguió pronto la «Gran Unión» de 1256, convocada y aprobada por el Papa Alejandro IV mediante la Bula «Licet Ecclesiae», en la que se unieron los distintos grupos ermitaños, tales como: los Ermitaños de San Guillermo, los de San Agustín, los del hermano Juan Bueno, los de Montefavale y, los de Brettino.

La historia es ésta…

En los siglos X y XI, había por toda Europa y sobre todo en Italia, muchos monjes habitando en parajes apartados; son los llamados «ermitaños». Uno de los más famosos eremitorios es el de Lecceto, cerca de Siena. El origen de estas pequeñas comunidades hay que buscarlo en el deseo de una más profunda espiritualidad como protesta contra un fácil y pobre estilo de vida contemplativa.

Pero en el siglo XIII este género de vida eremítica no respondía ya a las necesidades del mundo circundante, el cual requería un nuevo estilo de vida religiosa. El mundo y la vida social habían cambiado de forma destacada con el crecimiento del comercio, el desarrollo del capitalismo, la expansión de las ciudades, el origen de la burguesía como poder social y la fundación de las universidades. Aunque la formación intelectual había sido durante siglos patrimonio del clero ahora pasa también a manos del laicado.

Es así, entonces, que en este ambiente surgieron movimientos de pobreza voluntaria, los cuales adoptaron posturas críticas contra la vida mundana dentro de la Iglesia, posturas que constituyeron la base para la creación de las Órdenes Mendicantes: Franciscanos, Dominicos, Carmelitas y Agustinos, pues la Iglesia los necesitaba para controlar la avalancha de la nueva mentalidad.

Por esta razón varias comunidades de ermitaños, algunas de las cuales vivían bajo «La Regla de San Agustín», quisieron unirse como entidad jurídica, dando lugar a la Orden de San Agustín. Este esfuerzo de unidad tiene lugar el 24 de marzo de 1244. Luego a la «Unión» de 1244, siguió pronto la «Gran Unión» de 1256, aprobada por el Papa Alejandro IV, que constituyó definitiva y oficialmente la Orden de San Agustín.

De ahí en adelante, los miembros de la Orden concentraron sus trabajos en las ciudades, extendiéndose rápidamente desde Italia a Francia, Inglaterra, Alemania y España, en un primer momento; y después, con el tiempo, a toda Europa… América… y a todo el mundo.